domingo, 8 de noviembre de 2015

Nadie en absoluto.

¿Alguna vez has intentado escuchar lo que alguien te dice sin asentir o negar con la cabeza, sin decir absolutamente nada después de cada frase que te comparte, sin fruncir el ceño o levantar las cejas, sin sonreír ni torcer la boca, y tan sólo escuchar y observar? Si lo haces, seguramente lo primero que notarás es lo difícil que resulta no hacer nada más. Salvo excepciones, quien te esté hablando esperará alguna respuesta (del tipo que sea) por tu parte; posiblemente pensará que no le estás atendiendo y que sólo estas pensando en tus cosas, o que te resulta completamente indiferente su charla... Incluso quizá llegue a tener la extraña sensación de estar hablando sólo, como si no hubiese nadie ahí mirando su cara, ni escuchando lo que dice. Pero sin duda, la más profunda y terrible intuición que podría llegar y sacudirlo de pies a cabeza, es la de no haber nadie en absoluto hablando ahí.

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